Cubayoruba

Patakíes (3)

Por mucho que se sepa, siempre algún conocimiento nos falta.
Oddu de Ifá
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La experiencia de los viejos.
Los jóvenes trabajaban con los arugbos en la construcción de los ilé, pero no ganaban lo que ellos creían merecer, a pesar de que hacían los trabajos más fuertes y menos calificados. Además tenían que someterse a la dirección de los viejos que, según ellos, eran, majaderos e intransigentes. Por eso decidieron separarse y trabajar por cuenta propia.

Fue así que comenzaron a fabricar muchas casas muy rápido y el pueblo estaba contento, hasta que un día cayó un fuerte aguacero y las casas que habían fabricado los jóvenes se vinieron abajo.

Toda la población se quejó a Olofin de lo que había sucedido y cómo se habían quedado sin casa.

Olofin bajó ala Tierra, y llamó a los viejos y a los jóvenes y le pidió a cada grupo que construyera una casa, para él ver quiénes la construían mejor.

Después de una jornada de grandes esfuerzos, los jóvenes terminaron su casa y los viejos la suya. Olofin inspeccionó las casas construidas y le parecieron tan iguales que decidió reunir a los dos grupos para preguntarles cuál era la diferencia.

–Si las casas que hacen los jóvenes son iguales a las que hacen ustedes –dijo Olofin a los viejos–, ¿por qué se caen cuando llueve?

–Muy fácil –contestaron los viejos–. Ellos ponen todas las tejas boca abajo en vez de poner una boca abajo y otra boca arriba. ¡Olofin comprendió que los viejos tenían mayor experiencia, porque habían vivido más y desde entonces los autorizó para que fueran ellos quienes dirigieran a los jóvenes y dijeran cuándo estaban capacitados para hacerse operarios.


Loro.
Olofin convocó a una reunión a todos los pájaros, para saber cuál de ellos tenía más mérito.

Todas las aves acudieron al palacio, pero como le tenían envidia a Loro, que por aquel entonces era blanco, aprovecharon un descuido que tuvo este y le arrojaron tinta. Un rato después le esparcieron cenizas sobre su plumaje y más tarde, comenzaron a tirarle epó.

Olofin entró ceñero al salón y estuvo observando a los pájaros des¬de su trono; luego señaló uno entre todos, sus sirvientes se abrieron paso entre la concurrencia y lo condujeron a donde estaba Olofin.

–Me ha gustado mucho tu plumaje –dijo a Loro–. Desde hoy ordeno que todas las personas importantes de mi reino lleven tus plu¬mas como señal dc sabiduría y distinción.
Con esta gracia que le concedió Olofin quedaron burlados todos los que, por envidia, quisieron perjudicarlo.


León.
León era un animal manso, pero tan hermoso que la gente lo envidia y se metía con él para provocar su furia. Como no hacía caso de las provocaciones, idearon entonces ir a ver a Olofin para calumniarlo y acusarlo dc un comportamiento que no había tenido nunca.

Olofin llamó a León para regañarlo, pero este supo defenderse y le demostró que nunca había agredido a nadie.

–Vas a regresar a la Tierra –le dijo Olofin a León–, pero si alguien te agrede o se mofa de ti, yo te autorizo a que uses tus garras y tus colmillos, y demuestres el ashé que te he dado.

León regresó a la Tierra, dispuesto a no meterse con nadie y a seguir viviendo entre las gentes sin hacer caso de sus burlas y provoca¬ciones.

Pero al tercer día, los envidiosos empezaron de nuevo a sembrar la cizaña y a decir: “¡Qué se habrá figurado! Porque Olofin le dio poder él puede mirarnos a todos por encima del hombro. Lo que hay que hacer es caerle a palos para que no se crea mejor que nosotros.”

Una turba comenzó a juntarse frente a la casa de León. Cuando salió para ver qué pasaba, le cayeron encima con palos y piedras y no tuvo más remedio que defenderse con sus garras, morder, matar y arrancar cabezas y brazos.

Desde entonces León vive en el monte, lejos de todos, y el que quiera provocarlo, tiene que ir hasta allí.


Babosa.
Un día Obbatalá llegó a su casa y se encontró a Babosa tomando de su otí. Después de maldecirla, acometió su persecución.

El animal despavorido corrió a esconderse en el monte, pero sin saberlo, su baba fue dejando el rastro que Obbatalá seguiría implacablemente.

Cuando el Orisha al fin le dio captura, se la comió y dijo que como castigo en lo sucesivo se comería a Babosa cada vez que la encontrara.


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