Por mucho que se sepa, siempre algún conocimiento nos falta.
Oddu de Ifá
Listado de PatakÃes
1 │ 2│ 3
Oddu de Ifá
Listado de PatakÃes
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Las garzas mentirosas.
Igüà llegó un dÃa corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin habÃa mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le habÃa robado un obÃ. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejarÃa a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un lÃquido en la puerta de su ilé.
Cuando las garzas llegaron a casa de Oshún y pisaron aquel lÃquido pastoso, se quedaron pegadas en el piso y tuvieron que pedir auxilio a la dueña.
–Si me prometen que dejarán tranquilo a mi ahijado, las dejo ir –dijo Oshún muy desenfadada.
Las garzas asintieron y Oshún trajo una botella de su oñà y las despegó del piso. Cuando volvieron al palacio de Olofin, este les preguntó si habÃan detenido al ladrón.
–No, papá, no lo hemos encontrado –dijeron.
Pero Olofin que no se creyó aquello, llamó a Eleguá y le dijo que averiguara bien lo sucedido. Eleguá volvió al dÃa siguiente y le contó toda la verdad. Olofin llamó a las garzas para decirles:
–Como ustedes me han mentido, desde hoy las condeno a que se vistan siempre de blanco para verlas dondequiera que estén.
Igüà llegó un dÃa corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin habÃa mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le habÃa robado un obÃ. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejarÃa a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un lÃquido en la puerta de su ilé.
Cuando las garzas llegaron a casa de Oshún y pisaron aquel lÃquido pastoso, se quedaron pegadas en el piso y tuvieron que pedir auxilio a la dueña.
–Si me prometen que dejarán tranquilo a mi ahijado, las dejo ir –dijo Oshún muy desenfadada.
Las garzas asintieron y Oshún trajo una botella de su oñà y las despegó del piso. Cuando volvieron al palacio de Olofin, este les preguntó si habÃan detenido al ladrón.
–No, papá, no lo hemos encontrado –dijeron.
Pero Olofin que no se creyó aquello, llamó a Eleguá y le dijo que averiguara bien lo sucedido. Eleguá volvió al dÃa siguiente y le contó toda la verdad. Olofin llamó a las garzas para decirles:
–Como ustedes me han mentido, desde hoy las condeno a que se vistan siempre de blanco para verlas dondequiera que estén.
El mono de 9 colas.
La hija de Olofin vivÃa triste y nada le llamaba la atención, por más que su padre se esmeraba nunca se dibujaba una sonrisa en su rostro. Un dÃa que salieron a dar un largo paseo por el bosque, divisó entre unas ramas un mono con nueve colas, el brillo de sus ojos recorrió la espesura. Fue tanto su entusiasmo por el raro animal que el padre la ofreció en matrimonio a aquel que lograra capturarlo y traerlo al palacio.
Muchos fueron los cazadores que salieron precipitadamente al bosque, llevando consigo las mejores trampas; pero el más humilde de todos, antes de partir, fue a ver a Orunla quien le hizo ebó con un hueso de jamón y un cordel, indicándole que lo llevara a lo alto de la loma y se acostara cerca.
Al olor del hueso, acudieron muchos animales, entre los que se encontraba el mono de las nueve colas. Cuando el cazador vio que estaba entretenido, fue halando poco a poco el cordel, hasta que tuvo el animal al alcance de sus manos, lo ató con la soga y partió para el palacio de Olofin, quien feliz, por haber recobrado la alegrÃa de su hija, se la concedió en matrimonio.
La hija de Olofin vivÃa triste y nada le llamaba la atención, por más que su padre se esmeraba nunca se dibujaba una sonrisa en su rostro. Un dÃa que salieron a dar un largo paseo por el bosque, divisó entre unas ramas un mono con nueve colas, el brillo de sus ojos recorrió la espesura. Fue tanto su entusiasmo por el raro animal que el padre la ofreció en matrimonio a aquel que lograra capturarlo y traerlo al palacio.
Muchos fueron los cazadores que salieron precipitadamente al bosque, llevando consigo las mejores trampas; pero el más humilde de todos, antes de partir, fue a ver a Orunla quien le hizo ebó con un hueso de jamón y un cordel, indicándole que lo llevara a lo alto de la loma y se acostara cerca.
Al olor del hueso, acudieron muchos animales, entre los que se encontraba el mono de las nueve colas. Cuando el cazador vio que estaba entretenido, fue halando poco a poco el cordel, hasta que tuvo el animal al alcance de sus manos, lo ató con la soga y partió para el palacio de Olofin, quien feliz, por haber recobrado la alegrÃa de su hija, se la concedió en matrimonio.
Palo, soga y carnero.
Reinaba la discordia entre los animales. Para reconciliarse, hubo quien ideó hacer una fiesta. Pero Mono y Carnero, que continuaban temerosos, porque los otros habÃan sido mejor dotados para la pelea, decidieron no ir. El dÃa de la fiesta, León llegó antes y comió opÃparamente, y como casi no dejó comida, cuando Tigre llegó, se formó la pelea entre ambos. Los demás animales se pusieron a favor de uno u otro de los contendientes y tomaron parte en aquella riña.
Avisado Olofin de lo que sucedÃa en la selva, fue a poner orden, por lo que mandó buscar a Mono y Carnero para que declararan por qué habÃan decidido no asistir. Mono no quiso presentarse. Olofin le insistió a Carnero que fuera a buscarlo y lo trajera a como diera lugar. Mono se habÃa imaginado, que si iba a la fiesta Tigre y León se lo comerÃan, y le hizo un ofrecimiento a Oyá que estuvo de acuerdo en protegerlo. AsÃ, cuando Carnero, desesperado por la negativa de Mono, lo amarró con Soga, Oyá lanzó una centella y lo liberó colocando a Palo en su lugar.
A todas estas, Carnero no se dio cuenta de lo sucedido y se presentó al Creador.
–Aquà lo traigo –le dijo.
Pero solo traÃa a Palo atado con Soga. Olofin creyó que Palo, Soga y Carnero, querÃan burlarse de él y los condenó a vivir atados unos a otros.
Reinaba la discordia entre los animales. Para reconciliarse, hubo quien ideó hacer una fiesta. Pero Mono y Carnero, que continuaban temerosos, porque los otros habÃan sido mejor dotados para la pelea, decidieron no ir. El dÃa de la fiesta, León llegó antes y comió opÃparamente, y como casi no dejó comida, cuando Tigre llegó, se formó la pelea entre ambos. Los demás animales se pusieron a favor de uno u otro de los contendientes y tomaron parte en aquella riña.
Avisado Olofin de lo que sucedÃa en la selva, fue a poner orden, por lo que mandó buscar a Mono y Carnero para que declararan por qué habÃan decidido no asistir. Mono no quiso presentarse. Olofin le insistió a Carnero que fuera a buscarlo y lo trajera a como diera lugar. Mono se habÃa imaginado, que si iba a la fiesta Tigre y León se lo comerÃan, y le hizo un ofrecimiento a Oyá que estuvo de acuerdo en protegerlo. AsÃ, cuando Carnero, desesperado por la negativa de Mono, lo amarró con Soga, Oyá lanzó una centella y lo liberó colocando a Palo en su lugar.
A todas estas, Carnero no se dio cuenta de lo sucedido y se presentó al Creador.
–Aquà lo traigo –le dijo.
Pero solo traÃa a Palo atado con Soga. Olofin creyó que Palo, Soga y Carnero, querÃan burlarse de él y los condenó a vivir atados unos a otros.
OloñÃ.
Olofin ordenó que tres babalawos muy reputados acudieran a su presencia para que le dijeran qué sucederÃa en su casa. Los de mayor edad tiraron el ékuele y por no presagiarle una desgracia, le contestaron que no habÃa nada que temer. Pero el más pequeño de los tres que se llamaba OloñÃ, discrepó de los mayores y dijo que de acuerdo a como habÃa caÃdo el ékuele, presagiaba la muerte de un niño. Los babalawos no lograron ponerse de acuerdo y, cierto tiempo después, murió un hijo de Olofin, quien se indignó mucho.
Los invitó a que acudieran a su palacio y preparó tres jÃcaras tapadas. Les indicó a los babalawos que se sentaran a la mesa, pero OloñÃ, que se habÃa registrado con el ékuele esa mañana, dijo que él comerÃa solo. Cuando se dirigÃa a un rincón de la casa para comer, vino un águila y se lo llevó a una montaña donde encontró grandes riquezas. Los otros dos, por mentirosos, tuvieron que comer los desperdicios que les brindó Olofin.
Olofin ordenó que tres babalawos muy reputados acudieran a su presencia para que le dijeran qué sucederÃa en su casa. Los de mayor edad tiraron el ékuele y por no presagiarle una desgracia, le contestaron que no habÃa nada que temer. Pero el más pequeño de los tres que se llamaba OloñÃ, discrepó de los mayores y dijo que de acuerdo a como habÃa caÃdo el ékuele, presagiaba la muerte de un niño. Los babalawos no lograron ponerse de acuerdo y, cierto tiempo después, murió un hijo de Olofin, quien se indignó mucho.
Los invitó a que acudieran a su palacio y preparó tres jÃcaras tapadas. Les indicó a los babalawos que se sentaran a la mesa, pero OloñÃ, que se habÃa registrado con el ékuele esa mañana, dijo que él comerÃa solo. Cuando se dirigÃa a un rincón de la casa para comer, vino un águila y se lo llevó a una montaña donde encontró grandes riquezas. Los otros dos, por mentirosos, tuvieron que comer los desperdicios que les brindó Olofin.


